Los trastornos alimenticios o trastornos de la conducta alimentaria

(TCA) engloban varias enfermedades crónicas y progresivas que, a pesar de que se manifiestan a través de la conducta alimentaria, en realidad consisten en una gama muy compleja de síntomas entre los que prevalece una alteración o distorsión de la auto-imagen corporal, un gran temor a subir de peso y la adquisición de una serie de valores a través de una imagen corporal, aunque hay ciertos trastornos alimentarios que hacen que una persona ingiera excesivamente alimentos.

En los últimos 30 años, los TCA surgieron como enfermedades cada vez más frecuentes, sobre todo en los adolescentes. Los estudios sobre la frecuencia de estos trastornos muestran un aumento preocupante, principalmente en la población de mujeres jóvenes. Se ha encontrado que entre 1 y 2 % de las mujeres padecen de anorexia nerviosa (AN), y entre 1 y 3 % padecen bulimia nerviosa (BN). Estos trastornos se presentan en una proporción de 10 a 1 en las mujeres con respecto a los varones, aunque en los últimos años se ha incrementado el número de varones que los padecen. Generalmente el inicio de los trastornos de la conducta alimentaria es de los 14 años hasta los 20.

Los factores que pueden causar trastornos alimentarios son:

Factores biológicos: Hay estudios que indican que niveles anormales de determinados componentes químicos en el cerebro (neurotransmisores) predisponen a algunas personas a sufrir estreñimiento, perfeccionismo, pensamientos y comportamientos obsesivos y compulsivos. Estas personas son más vulnerables a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria.

Factores psicológicos: Las personas con trastornos alimentarios tienden a tener expectativas no realistas de ellos mismos y de las demás personas. A pesar de ser exitosos se sienten incapaces, ineptos, defectuosos, etc. No tienen sentido de identidad. Por eso tratan de tomar control de su vida y muchas veces se enfocan en la apariencia física para obtener ese control.

Factores familiares: Personas con familias sobre-protectoras o disfuncionales inflexibles e ineficaces para resolver problemas tienden a desarrollar estos trastornos. Muchas veces no muestran sus sentimientos y tienen grandes expectativas de éxito. Los niños aprenden a ocultar sus sentimientos, desarrollan miedo, inseguridad, dudas, etc., y toman el control por medio del peso y la comida.

Factores sociales: Los medios de comunicación asocian lo bueno con la belleza física (según cánones actuales) y lo malo con la imperfección física. Las personas populares, exitosas, inteligentes, admiradas, son personas con el cuerpo «perfecto», lo bello. Las personas que no son «delgadas y atractivas» son asociadas con el fracaso..

Síntomas para detectar un trastorno alimentario

Actitudes obsesivas respecto a las dietas: estos regímenes se hacen de forma compulsiva, es decir que la persona sabe que es algo dañino para su salud pero no puede dejar de hacer dieta.

Disminución importante del peso.

Comer a solas o evitar comer cualquier tipo de comida.

Contar las calorías de los alimentos que se ingieren y pesarse con frecuencia.

Cambios en el carácter relacionados con el haber comido o no.

Verse «gordo» aunque haya una disminución importante de peso.

Encerrarse en el baño después de comer, sin que haya una causa que lo justifique.

Realizar ejercicio en forma obsesiva.

Verse mucho en el espejo sin decir nada

Sentir nerviosismo al estar con personas o cerca de comida

Tratamiento

A nivel terapéutico existen tratamientos eficaces y exitosos, ya sean los de orientación cognitivo conductual o los de orientación sistémica. Estos últimos los puede encontrar en la literatura sobre psicología clínica y psicoterapia. Ayuda emocional  psicológica y con nutriciónista.

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