Los Indígenas de Emberá, pueblo indígena con grandes herencias etnoculturales

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Los emberáêbêra o ẽpẽrá, también llamados chocó, son un pueblo amerindio que habita algunas zonas del litoral pacífico y zonas adyacentes de Colombia, el este de Panamá y el noroeste de Ecuador. Son unas 68.000 personas

Por: Ángel Fernández / Explorando con Bávaro Digital

Nos ha tocado de primera mano vivir la más hermosa de la experiencia con los indígenas Emberá del parque Nacional Chagres. Transportados por los propios indígenas en la “Piragua” nombre denominado a la canoa, balsa, cayuco o lanchita visitamos una hermosa cascada.

Recibidos al son de la flauta, el tambor y las maracas tocadas por los varones, y canciones en el dialecto Emberá por las mujeres, subimos a la comunidad loma arriba después de haber regresado de la cascada y atravesado Chagres en piragua por unos 15 minutos. Ellas vestidas con sus bellas “Paruma” (faldas) y sus tops hechos por monedas reales o cuaras (quarters $0.25) son pasados de generación en generación ya que adquirieron la costumbre de sus abuelos, debido a que antes la moneda no tenía el cobre que hoy día tiene. Era dinero blanco y sin valor. Así que en vez de coleccionar en alcancía, ellas coleccionan para sus vestimentas.

La comunidad “Parara Puru” nos tendría una deliciosa tilapia y tajadas de plátano verde de almuerzo , y una bella tradicional bienvenida con la “Danza del mono” y la “Rumba Embera” donde hasta fuimos invitados a bailar con ellos.

Conocimos más sobre la comunidad conformada por 12 familias y unas 84 personas. Alrededor de 1950 emigraron al Río Chagres las primeras familias desde Darien y en el río hay aproximadamente 800 indígenas registrados. Sus vidas se basaba en la siembra y cultivo de arroz, maíz, guineo, entre otros y la caza de javalís, venados, iguanas, etc. Hoy en día debido a ser declarado Parque Nacional y tener que enfatizar el cuidado del mismo, la Autoridad del Turismo de Panamá los ha entrenado para que su sostenibilidad dependa del turismo, y es entonces desde 1998 que la comunidad lo practica.

Cada comunidad tiene sus leyes. El “Onoco” es el jefe y cuentan que si alguien rompe las leyes lo llevan al “Sepo” o lugar de castigo. El Cacique General celebra el congreso con los jefes de las diferentes regiones para así conocer los problemas de cada comunidad.

Un aspecto importante de la vida de los Embera es su relación con los espíritus jai por medio de sus jaibanás, chamanes no hereditarios que aprenden de sus maestros ya experimentados, sobre el poder mágico espiritual, desde el cual se regula la vida, la salud, la subsistencia y la naturaleza.

Conciben tres formas de jai: los del agua, Dojura, junto con las Wandra, madres de los animales y plantas que moran en las cabeceras de los ríos; los Antumiá de la selva profunda; y los de los animales selváticos que son transformaciones de almas de los humanos muertos.

Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Estos tratos tienen un carácter cosmológico en la medida que la comunicación y convenios con la jai regulan los intercambios entre los diferentes niveles superpuestos del universo.

Dachizeze, padre del mundo más alto, engendró a Tutruicá en el mundo más abajo y a Caragabí en este mundo. Se cuenta que Caragabí pudo hacer a los humanos sólo al pedir prestado el barro a Tutruicá y luego hizo moverse a los humanos porque supo quitarle la pesadez de la tierra. El maíz y el Pixbae o chontaduro fueron traídos de un nivel más alto. Sin el intercambio de materiales y saberes entre mundos, la de la sociedad y la naturaleza no podría continuar. Caragabí logró derribar el árbol Jenené y en su raíz brotó el mar y sus ramas son los ríos y sobre los ríos está una gran serpiente, Jepá, con la que se puede acceder a transportarse entre niveles del mundo, lo cual también ocurre en las cabeceras de los ríos, donde transitan los seres del mundo de abajo y arriba. Los animales cazados que tienen sus madres en las cabeceras de los ríos son gente de abajo visibilizada como animales y las almas de los humanos muertos pueden ser comida de la gente de abajo, como cuando una serpiente pica un humano, se considera que la gente de abajo lo ha cazado.

Los jaibaná continúan la labor de Caragabí y otros héroes de los relatos, al ser instrumentos de trato con los niveles del cosmos y propiciar la continuidad de los intercambios que caracterizan la vida, que es naturaleza y sociedad a la vez

La lengua embera posee numerosas variantes geográficas, todas ellas junto con el idioma de los Wounaan, pertenecen a la familia lingüística chocó. El embera es una lengua aglutinante y ergativa que privilegia la visión del objeto (o paciente) del verbo. Las variantes del embera se dividen entre emberá sureño (chamí, baudó, eperã), emberá norteño (katío, darién) y el emberá kawaiguia (Eposí y Marivina)

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